Eres mi refugio






Eres mi refugio

En los momentos
donde la confusión
es lo que reina, y la desilusión
es lo que habita…
las pasiones se mezclan,
los caminos se cruzan,
los caminos se enredan,
las miradas se tocan,
las miradas se besan,
las miradas se sienten .

Eres voz permanente
y siempre tu cariño es persistente.
Eres mi refugio, eres mi aliento
Eres, entrega en tus abrazos,
Eres lo que yo siempre quiero.
Eres, un te quiero, cuando más necesito

de tu voz, de tu aliento.

Me acoges en tu vida, y me das
el consuelo, en la tristeza
y me das la alegría en tu delicia.
Me muestras de tu vida y tus afanes,

lo que es el amor, que es de verdad
sincero.

Eres mi refugio, eres mi aliento
Eres, entrega en tus abrazos,
Eres lo que yo siempre quiero.
Eres, un te quiero, cuando más necesito
de tu voz, de tu aliento.

Y en el jardín de tus ojos,
florecen los sueños.
Las palabras se entretejen
como enredaderas que aprietan
al viento suavemente, secreto entre las hojas.
En cada encuentro, un deleite, un pedazo de ti,
en cada beso, y un eco de pasión a cada instante,
en cada momento de hoy, mañana y siempre.

©José Ángel Pineda ©Creatividad poética




Tengo ganas de morderte

 




Tengo ganas de morderte


Tengo ganas de morderte
las moscas de tus mejillas, los lunares,
las sombras, como la Venus carnívora.
Las ganas de atraparte, como lo hace Nepenthes,
sin darte una salida, un escape, una huida.
Como la Pinguicula del mucílago
que atrapan con la emanación pegajosa
y se brotan las flores;
moradas, blancas, amarillas…
Tengo ganas de morderte, tragarte,
atraparte como lirio de cobras,
como rocío del sol y sus tentáculos
que se mueven viscosos
en la catapulta del amor,
el artefacto que muerde, y morderte
las ganas de morderte tengo, en un vivero,
cálido, tan tibio de humedad.

©José Ángel Pineda ©Creatividad poética

Oda al compadre



Oda al compadre

En las noches del elixir y estrellas,
donde el aire vibraba con secretos,
allí surgía el compadre,
un ser de voz profunda y cuerdas ardientes.

Sus dedos danzaban sobre la guitarra,
como hojas al viento,
y su garganta resonaba en los techos,
haciendo temblar las paredes de las casas.

Era un hombre orquesta, un guardián de líneas,
que tejía mensajes telegráficos entre almas distantes,
un puente invisible de emociones,
que conectaba corazones en la oscuridad.

Era una prolífera fuente de canciones,
lanzaba sus notas como obuses de sentimientos,
y las mujeres se disputaban el derecho de la dedicatoria,
mientras el compadre reía y desafiaba al mundo.

Las serenatas eran su dominio,
donde las cuerdas vibraban con pasión,
y los corazones se abrían como flores nocturnas,
al son de su voz, al ritmo de su guitarra.


Pero un día, la guitarra descansó,
y la serenata se sumió en el silencio,
pero el compadre sigue vivo en la memoria,
como un eco nostálgico que resuena en las noches.


Así, en esta lírica, le rendimos homenaje,
al hombre que fue más que un músico,
al compadre, dueño de todas las canciones,
que sigue vivo en las notas suspendidas en el aire.


¡Salud al compadre, al alma nocturna,
que sigue cantando en algún rincón del universo!

En las noches de amantes



























En las noches de amantes

Las estrellas brillantes iluminan auroras,
las evocaciones se guardaban silentes,
en la memoria de la piel
de los cuerpos, del alma,
con una impresionante serenidad.

En las noches de amantes
Emerge de las sombras
como una música atávica,
la mirada…
el profundo abismo obscuro,
el ojo que fija corazones,
la caricia…

La convección, el fuego y su fluidez,
los mares y sus olas,
la delicia…

En las noches de amantes
La sinuosa montaña palpitante,
transmitiendo percusiones
excitantes…
¡sacúdanse los vientos en las estepas,
sin espera, que la fuente arde…!
En las noches de amantes
La presencia anónima, sin entrada, sin salida,
como acariciando los círculos interminables,
al son de los tímpanos.
En las noches de amantes
Las membranas resuenan
en la ósmosis de los dedos que inquietan,
y sabios..., entreabren las ventanas y las puertas,
las hendijas de los sueños,
el hábitat profundo de los seres.
En las noches de amantes
La cueva del hechizo de pasiones sin límites
rítmicos…
Las emociones danzan sobre huellas
misteriosas y mágicas.
Los suspiros…
lo inconcluso…
siempre queda pendiendo
en el dintel de la calma.

©José Ángel Pineda  ©Creatividad poética